martes, 7 de octubre de 2014

Tarea adaptación del cuento casa tomada


Escena I
Se observa  la  casa antigua  a lo lejos en un plano abierto, poco a poco  se va acercando,  en sus muros se nota la antigüedad., en interior  en sus paredes guarda los recuerdos familiares de nuestros  bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Se muestra un plano general el interior, fotografías, etc.
Escena II
En la habitación por la mañana  Irene, se levanta, mira el reloj  que se encuentra en una toma  closet up, a esa misma hora yo también me levanto y entre los dos nos dividimos la limpieza. Se hace una toma continua hasta la cocina.
 Irene  yo  limpiamos todo, Irene cocinando el almuerzo, se  toma un plano medio de cabeza a la cintura donde solo se ve que está preparando el desayuno,  toma unos platos y los sirve, se un plano  americano, Irene se  dirige hacia la mesa y deja los platos y sienta. ----Nos resulta grato almorzar.
Irene- Esta casa no nos dejó casarnos.
-A mí se me murió María Esther antes que llegar a comprometerme, Ya entramos en los cuarenta años con la inexpresiva idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos.
-Irene: Es necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa, Nos moriremos aquí algún día, vagos y esquivos primos se quedaran con la casa y la echan al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearemos justicieramente antes de que sea demasiado tarde.
Escena III
En el dormitorio de Irene,  se ve  en un plano completo, se observa a Irene sentada en el sofá
-Irene es una chica nacida para no molestar a nadie.
 Está  tejiendo, se enfoca un plano a detalle, a ella tomando las agujas y el tejido para  un chaleco y después lo desteje en un momento, cambia a plano americano,  parece que no le agrada;    se hace un  desplazamiento de cámara y se enfoca en  primer plano en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas.


Escena IV
En la sala está el hermano de Irene, en plano de detalle se enfoca una mano junto a cómoda alcanfor llena de pañoletas blancas, verdes, lila. Están con naftalina, apiladas como en una mercería; no tengo él valor para preguntarle a Irene qué piensa hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llega plata de los campos y el dinero aumenta. Pero a Irene solamente la entretiene el tejido, muestra una destreza maravillosa y a mí se me van las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitan constantemente los ovillos. Es hermoso.
Escena V
Se observa los  pies  en plano de detalle y se usa una cámara continua  en plano subcontinuo recorriendo la casa
- Cómo no acordarme de la distribución de la casa.
Se cambia el plano a un   plano  completo ,el comedor, una sala con gobelinos,  regresa a enfocar los pies  de nuevo se hace un plano completo y observa la biblioteca y tres dormitorios grandes quedan en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde hay un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunican los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel da al living. De manera que uno entra por el zaguán, abría la cancel y pasa al living; tiene a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conduce a la parte más retirada; avanzo por el pasillo se franquea la puerta de roble y más allá empieza el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que nos lleva a la cocina y el baño. Cuando la puerta esta abierta advierte uno que la casa era muy grande; si no, da la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivimos siempre en esta parte de la casa, casi nunca vamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires es una ciudad limpia, pero eso ,debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Escena VI
En sala hay un plano general en sofá
Comienza con plano detalle enfocando los pies,  cámara continuase me ocurre ir a poner al fuego la pavita del te. Voy por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble plano detalle se enfoca la perilla de puerta, y le doy la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escucho  algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido viene impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oigo, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traje desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiro contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave esta puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Escena VII
En la cocina
 EL calienta la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del café le digo a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Deja caer el tejido y me mira con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dice recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo  sirvo  el café con mucho cuidado, pero ella tarda un rato en reanudar su labor. Veo que me teje un chaleco gris; a mí me gusta ese chaleco.
Los primeros días nos parece penoso porque ambos dejamos  en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estan todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrámos algún cajón de las cómodas y nos mirámos con tristeza.
-No está aquí.
Y es una cosa más de todo lo que  perdimos al otro lado de la casa.
Pero también tenemos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aunque nos levantemos tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, nos dan las once y ya estámos de brazos cruzados. Irene va  conmigo a la cocina y me  ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y decidimos esto: mientras yo preparo el almuerzo, Irene cocinaría platillos para comerlos fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resulta molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponernos a cocinar. Ahora nos basta con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene está contenta porque tiene más tiempo para tejer. Yo andó un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que es más cómodo. A veces Irene decía:
-Fíjate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después,  soy el que le pone ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello, Estamos bien, y poco a poco empezamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
Cuando Irene sueña en alta voz yo me desveló en seguida. Nunca pudo acostumbrarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene dece que mis sueños consisten en grandes sacudones que a veces hacen caer el cobertor. Nuestros dormitorios tiene el living de por medio, pero de noche se escucha cualquier cosa en la casa. Nos oímos respirar, toser, presentimos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo está callado en la casa. De día son los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haber dicho, es maciza. En la cocina y el baño, que queda  tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene canta canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisamos despacio para no molestarnos. Yo creo que es por eso que en noche, cuando Irene empeza a soñar en alta voz, me desvelo en seguida.
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos te dije  Irene  hasta voya cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio, ella teje oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que son de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empiezael codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera.  Plano contra planoApreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos que más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se  escucha nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le cuelga de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos  quedaron  del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estámos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Plano completo
Como me queda el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella esta llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se meta en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
FIN





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